Al final del todo te das cuenta de que aquellas cosas en las que creías ciegamente eran verdad, que las creías por no perder la esperanza, por tener algo a lo que agarrarte cuando viene el vendaval.
Por guardar un poco de magia, por las películas románticas.
La cuestión es que confías en lo más profundo de cada poro de tu piel que es verdad, que no te equivocas, y que siente, igual que tú sientes.
Que todas esas casualidades, era demasiado casuales, demasiado especiales. Y que por predicar algo, el predicador predica. Yo digo lo que siento, confío en lo que siento.
No en lo poco que sé.
Pues sí, las certezas se amontonan, no sabemos de donde han salido, si de sueños, si de deseos,si de las estrellas o de mismas casualidades.Pero ahí están, no estorban.
Está claro, más que eso. Los héroes, no huyen, simplemente se esconden, y los héroes también tienen miedo.
Miedo a amar, miedo a la soledad, lo ocultan bajo miles de capas de colores bajo las que se escudan.
Pero hay gatos y gatos, y su rayo directo al corazón le delata, y yo que vivo en los sueños supe que debía hacer.
Yo no soy una heroína.
Pero quizás sea un ángel.
Una cosa sí, siempre consigo lo que quiero. Y él lo sabe.
Y le importa.
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