Algo le quedó claro a todas esas luciérnagas que se quedaron pegadas al cristal de la habitación.
Que nunca se fue, no se va y no se irá.
A veces mi mente se pasa de ilusa y optimista. Pero quizás este revoltijo de fuegos artificiales siempre tuvo razón.
Y quizás la única que rompió las promesas con sabor sal y arena es la que está aquí presente.
Porque él estuvo ahí siempre.
Con tejado o sin él.
Saboreando ese lunar con el que suele saldar sus deudas.
Estuvo, vigilante, quizás por encima de las nubes.
Releyendo mi mente cada vez que se paseaba sobre ese par de piernas infinitas que bien sabe reconocer.
Mientras, en la oscuridad, torturándome a miradas demasiado tiernas.
Quizás por eso aguanté tanto tiempo.
Porque, y él lo sabe, con ternura.. todo vale.
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