Es final de enero. Fecha extraña para un buen final de hibernación.
Es lo que hay. Normalidad por un escape de locura por alguno de esos poros descarriados de mi piel
¿ Y ves lo que pasa ?
Cambia todo y se pone en su sitio. Fin de hibernación, comienza el periodo de aventura.
Vuelve el ángel de ojos verdes que dije que volvería, que al final terminé abandonando y desterrando. Pero vuelve tal como siempre he dicho. Saberlo es la clave.
El chico del tejado está en ese punto de la historia en el que hacen falta largos periodos de salas de espera para volver a la cúspide dorada con su ángel de la guarda.
Aparece y desparece, pero siempre está ahí y yo, aunque él no lo crea, también.
Le abrí las entrañas y las tripas cuando salieron las estrellas, y ahí estaba yo, destripada pero contenta porque ,en fin. Final feliz de cuento. Todos felices y punto. Él sabiendo todo lo que había dentro de mí y yo pues ligera como una pluma, 10 segundos de gloria, y él tan perfecto e impasible como siempre. Humilde como él solo, en el fondo, triunfante.
Ahora, si antes me leía la mente con atacarme con la mirada ya no le hará falta ni eso.
Y sin embargo he visto por ahí a la perfección con patas.
Un ángel no, lo siguiente, el sueño hecho carne. Sí, no hay más. Es que como dibujado y hechizado.
Como alguien que conoces de toda la vida y et voilá , te lo encuentras por la calle.
Tu propio sueño de hace meses, lo ves, pasando de ti, como en una burbuja, intocable ,rompedor.
Y ¿ qué haces ? Pues te enamoras, te enamoras perdidamente, con locura.. simplemente.
Como quien se enamora de una canción, una palabra o un par de luciérnagas.
Su cigarro siempre a mitad y el casco de la moto en la otra mano.
Ni se detuvo un segundo a mirar quien estaba observándole con tanto descaro.
Ya sé donde aparca su moto color Kojak, desearía por un momento estar ahí, directos al cielo.
Pero es imposible, y esto sí lo es, prefiero ni pensarlo.
Aun así, tengo la estúpida sensación de que sí, volveremos a vernos.
Y pasaran horas y horas, pero se girará y entonces se parará a mirar lo que le está intentando derrertir, y si tal.. quizás me desmuestra quien derrite mejor. Y quién se rinde.
Esto es normalidad, me estaba olvidando de lo que era.
Pero falta, falta todavía, el camino es largo. Y mis piernas son muy cortas.
Me encanta :|
ResponderEliminarsigue así chica, y no es para nada una caca como me dijiste.
Un besito, gracias por seguirme :)