Música alta, estos auriculares empiezan a fallar, pero no importa, los oídos duelen tan satisfactoriamente como de costumbre. Hoy estoy romanticona, cursi, odio estar así, me siento idiota, pero es inevitable. Suele pasar al estar al principio de algo demasiado bueno para ser verdad.
En realidad no hay nada, aunque sienta algo muy intenso ahí dentro, donde todo se junta y se mezcla.
En el camino de vuelta a casa estuve pensando en esos pequeños detalles que hacen la vida tan emocionante, quizás esos detalles que son los culpables de esas risas espontáneas entre la gente.
Y hoy era ese. Escuchar música, la tuya, la que has adorado, acariciado y pues como casi todo aquello que quieres, terminas haciendo tuyo. Pero hasta que se revienten los oídos, y ser feliz, viendo todo alrededor como tú quieres, como un sueño, sintiendote invencible y gobernadora de esa banda sonora que dirije tu vida.
Saber lo que va a pasar y no saberlo, esperarlo y sorprenderte. Ser la que va por delante, y elige lo que hacer. Ser la protagonista. Total y absoluta de esta historia.
¡ Y poder hacerla feliz o melancólica con cambiar de canción !
Mientras, vas ordenando cada estrofa de la canción, bonita luna, bonitas estrellas.
No me hace falta que estés aquí, porque últimamente te siento tan cerca. Tantísimo.
Que creo que voy a explotar.
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