Sigo sin saber como lo hizo. Sí, lo de lanzar las piedras a su ventana. Era un doceavo piso y el tejado no es que estuviese relativamente cerca del edificio.
Pero golpeó, tres piedras precisas dieron de lleno en aquella ventana de casi un metro de alto.Se despertó de golpe, tuvo el presentimiento y se levantó, se ahuecó el pelo y abrió la ventana.Como si lo supiese del principio, de alguna manera si eres experto en leer mentes ,la del chico del tejado, cuando le cojes el truco tiene su enganche, aunque no sea siempre tan fácil, esta vez su conocimiento con tantas películas románticas americanas le dio la razón, y ahí estaba, el sueño sin soñarlo.
En el tejado, mirándola, sonriendo, pícaro. Era él, quien sino.
La verdad, ni se conocían, no tenían razones para verse, ni para despertarse a la madrugada para verse a metros de distancia, pero algo les llevó a todo eso sin saberlo, como siguiendo unas normas predeterminadas, era mágico, eso sí me quedó claro.
No había luna, cuando sus luciérnagas estaban encendidas nunca había luna, de verdad, supongo que brillaban demasiado que las neutralizaba.
Pero allí estaban, a metros de distancia, soñando.. despiertos.
Viviendo, eso suponía ella, que eso era vivir.
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