Seamos realistas, quizá todo no es como te gustaría como fuese, pero te da igual, entonces ahí es cuando todo sí es como quieres y tú eres el que tiene la última palabra sobre eso.
Hay veces que la única manera que todo es como queremos es refugiarse en los recuerdos.
En esos días brillantes de los que no nos gustaría salir nunca. Pero nos da miedo, reconocedlo, os da miedo, entrar por ese camino a veces, por volver a caer donde las mismas piedras del camino, no quieres estropear los bello que eran esos momentos y tiene pánico a que se pase algún pensamiento insolente, descarriado en ese mismo instante en el que estás de paseo por tus recuerdos y lo cambie todo. Hay veces que es inevitable, que ahí en esas escaleras blancas, bajo el sol de ese verano, sobre esas mesas de colores, entre esos brazos son el mejor lugar donde podrías estar.
Así que no hagas caso a nada y persigue el conejo blanco que vino a buscarte, para pasar tranquilamente por todas esas dunas de colores, y tu no temas, todo está en ti, tu eres la dueña de todo eso así que síguelo, hazme caso y síguelo da igual a donde vaya, seguro que te saca una sonrisa.
Hoy me dio por dar una vueltita, requemar las huellas del pasado, lo hago todos los días, me es inevitable, perosiempre salen nuevas historias que contar a flote, y eso de alguna manera me mantiene viva, pegada ,con la boca abierta en un punto fijo, en otro lugar.
Se podría decir que es la primera vez que le vi, sí, al chico del tejado, pero al de verdad, no el de mi cabeza, que sí, son la misma persona pero siguen siendo historias paralelas cada una residente de una diferente realidad.
Pues no es que yo le esperara, pero es de esas veces que no recuerdas la mitad de tu vida hacia atrás de ese momento. Recuerdo mucho sol, el ruido de las olas al chocar y alguna canción en mi cabez,a también oigo risas, permanentes, con ellas, siempre con ellas. Pero ellos, estaban delante, un ellos que no conocía la mitad, un ellos que se haría muy presente en mi vida durante un tiempo. Un ellos que me haría llegar a ese él , o ese él me hizo llegar a ellos.
Estaba allí, yo, te diré que espantosa, y eso tiene su punto especial. En bañador, con el pelo al aire, remolinos y remolinos de pelo, y entre tanta arena, pensamientos que se hunden, preocupaciones, y cabezas bajo sombrillas, estaba él, sí, el chico del tejado, me impactó, los ojos más brillantes que había visto en mi vida, vaya iguales he incluso mejores que el chico del tejado, pero el de mi cabeza. Después me quedé con su cara afilada, definitivamente cara de pocos amigos, de estar muy cerrado en sí mismo y de no ser bobo, cosa que avanzaba sobre casi todo lo que había visto en mucho tiempo. Tumbado bajo una sombrilla, sobre una toalla, boca abajo escuchando música, miraba, nos miraba, y yo no podía dejar de mirarlo, podrá sonar muy cursi contándolo así pero fue una auténtica película americana y ese fue el primer presentimiento de que eso era algo más que una anecdota. Y miró, miró porque yo era muy descarada, porque estaba dando una vuelta con sus enormes luciérnagas, porque le molestaba la luz, yo que sé, pero me miró de tal manera que me atravesó en segundos, creo que incluso me dolió, fue cortante, hiriente, a matar, y la mantuvo, mantuvo la mirada, y yo la mantuve ,me sentía invencible ,seguramente porque no le conocía de nada, porque me sonaba de mis sueños,pero le mantuve la mirada y la bajó ,bajó la mirada, tenía una expresión extraña, difícil de analizar, pero me gustó porque pude leer que pensaba en mí, en una extraña loca, con los pelos al viento que estaba virola mirándolo, la cuestión, es que me pude quedar el día mirándole, y acordarme de él y tal como me acorde ,volverme loca, tanto que ni pude idealizarlo de lo increíble que era, y cuanto más lo conocía, más difícil me era idealizarlo.
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