Hay veces, varias veces, que sin saber como la magia viene a ti.
Como algo que sin pensarlo ni desearlo te llega de forma inesperada.Te llega a ti, porque sí, para ti. Algo que todos en ese momento desean, buscan y pelean por conseguir. Y que tú, entre toda esa multitud no te molestas en encontrar y sin embargo te encuentra a ti. Un algo que no esperas que sea para toda la vida, algo eque solo quieres que dure un instante, pero que lo saborearas como el más dulce de los besos. Y no se lo vas a decir a nadie, no lo contarás, quizá lo cantarás, pero ni esperarás que vuelva, solo sonreirás como respuesta. Tienes miedo a que esa sonrisa salga sola y de tanto reprimirla explota. Pero aun así, no se lo dirás a nadie. Porque se perdería la magia. Y la llevaba tanto tiempo buscando que ahora que me encuentra no voy a dejarla que se vaya por su cuenta.
Y es que a eso llamo yo magia, ni siquiera perfección, es demasiado especial para llamarlo perfección.
La verdad lo necesitaba, tanto tantísimo. Que sin quererlo ni pedirlo me trajeron una sonrisa montada en un par de ojos parlantes, perseguidores de luciérnagas, porque siento decirlo, no eran luciérnagas, no peores, simplemente no lo eran, las buscaban.Y las encontraron, por supuesto que las encontraron.
Si supieran, matarían. Despues de tantos intentos fallidos, estúpidos desatinos me imagino sus caras de decepción, esa desazón que dejan las noches vacías.
Que se jodan, nadie les pidió que maullasen como gatos, que gritasen como idiotas.
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